
martes, 30 de septiembre de 2008
"Acusa, que algo queda"

lunes, 29 de septiembre de 2008
De un matadero de aves al dulcísimo precepto del decálogo
A veces me vienen a la memoria dos cosas: la primera tiene que ver con San Josemaría y sus palabras sobre el cuarto mandamiento (honrarás a tu padre y a tu madre) al que llamaba "dulcísimo precepto"; la segunda fue una intervención radiofónica que tuve en los años 80.Los invitados a la tertulia no tenían quizá las ideas muy claras sobre la Obra. Yo llamé por teléfono y puntualicé una serie de cuestiones que me parecían interesantes. Uno de los tertulianos me dijo en un momento de la conversación: - Todos los miembros del Opus Dei tienen carrera universitaria.... - Pues yo trabajo en un matadero de aves. Mi encargo es quitar la carne al ala izquierda del pollo, le contesté. - ...Y así iba la cosa hasta que de nuevo alguien señaló que a los miembros de la Obra se les separa de sus padres. En ese momento mi madre, que escuchaba la conversación y es agradablemente de armas tomar, agarró el teléfono y dijo: - Yo soy la madre de este chico, ¿algún problema?... En fin, han pasado los años desde esta segunda anécdota: alrededor de 25 años. La vida ha cambiado, y mis padres, gracias a Dios siguen viviendo conmigo. Digo conmigo, porque hasta hace tres años, yo vivía con ellos.
En el año 2002 me fui a Pamplona para hacer un doctorado y preparar la tesis doctoral. Para ello dejé de vivir con mis padres después de 42 años. Yo soy Licenciado en Filología Hispánica y trabajaba entonces en un colegio de Jaén. Mi madre estaba un poco delicada de salud, pero el médico de familia me decía que los síntomas que padecía eran los típicos de las personas mayores. Después de hablar con ellos, llegamos a la conclusión que me podía desplazar a Navarra para completar mis estudios. Mis padres tenían entonces 78 y 79 años.
"En vista de lo que ocurría a mis progenitores dejé los estudios de Pamplona y me volví a mi ciudad natal para cuidar de mis padres"A los dos años y medio de residir en Pamplona mi padre sufrió una trombosis cerebral, se le quedó inmovilizada la parte derecha del cuerpo, y a mi madre, después de analizarla un especialista, le diagnosticaron Alzheimer en una fase bastante avanzada.En vista de lo que ocurría a mis progenitores dejé los estudios de Pamplona y me volví a mi ciudad natal para cuidar de mis padres. He vuelto a mi trabajo de profesor en el colegio Altocastillo, pero sólo por las mañanas. He pedido reducción de jornada, ya que por las tardes y noches cuido de mis padres. Mientras yo estoy en el colegio, una señora que tengo contratada cuida de ellos y cuando vuelvo del colegio recojo el testigo hasta el día siguiente a la hora de irme a trabajar.Mi padre, gracias a nuestro padre, San Josemaría, se ha recuperado de una forma milagrosa. Ha recuperado la movilidad y es autónomo. Los médicos todavía no se lo creen, porque me dijeron que se quedaría postrado en una cama hasta su fallecimiento. Ahora no necesita ayuda para nada, pero tampoco me ayuda en nada. Mi madre va perdiendo facultades poco a poco. Necesita vigilancia las 24 horas del día y hay que hacérselo todo: levantarla, asearla, darle de comer, etc. Ya no conoce a nadie, y a veces no sabe dónde está y se pone muy nerviosa. Entonces aprovecho para intentar calmarla y la saco a pasear en una silla de ruedas. Estuve una temporada que por las noches no dormíamos nada, a veces, cuando se ponía nerviosa la sacaba a la calle, aunque lloviera, tronara, hiciera frío, calor, etc.
Los que padecen esta enfermedad, los especialistas no saben el porqué, durante las horas de la tarde se ponen más inquietos, entonces tengo que cargarme de paciencia, e intentar calmarla y distraerla, porque no hay medicinas que la tranquilicen. El médico me dice que lo mejor es intentar distraerla, que la trate como a un niño de 3 años. Y eso es lo que hago.Siguiendo la recomendación de San Josemaría lo más importante que puedo hacer ahora es cuidar de mis padres, como ellos lo hicieron de mí cuando era más joven. Cuidando de mis padres estoy haciendo el Opus Dei, porque veo en ellos a Jesucristo y cuando estoy cansado o agobiado miro la cruz del Señor y recuerdo la cita de Mateo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame ” (Mt. 16, 24).A medida que pasa el tiempo y me voy haciendo más mayor, por lo que veo en el colegio y por lo que me cuentan mis amigos y conocidos de edad más avanzada, veo que no soy un mártir, porque hay gente que está peor que yo. A estas personas intento animarlas y que vean en ello la cruz del Señor.En el pueblo donde resido somos trece mil habitantes, y casi todos nos conocemos, hemos creado una asociación de Alzheimer. El ayuntamiento nos está dando toda clase de facilidades para sacar adelante la asociación, y nos hemos puesto en contacto con los sacerdotes del pueblo para que atiendan espiritualmente a nuestros enfermos. Cuando voy por la calle mis paisanos me paran y me preguntan por mis padres, a la vez que me animan y felicitan por la labor que estoy haciendo con ellos, yo entonces me acuerdo del dulcísimo precepto del Decálogo del que hablaba San Josemaría y de mi intervención en el programa de radio.
En el año 2002 me fui a Pamplona para hacer un doctorado y preparar la tesis doctoral. Para ello dejé de vivir con mis padres después de 42 años. Yo soy Licenciado en Filología Hispánica y trabajaba entonces en un colegio de Jaén. Mi madre estaba un poco delicada de salud, pero el médico de familia me decía que los síntomas que padecía eran los típicos de las personas mayores. Después de hablar con ellos, llegamos a la conclusión que me podía desplazar a Navarra para completar mis estudios. Mis padres tenían entonces 78 y 79 años.
"En vista de lo que ocurría a mis progenitores dejé los estudios de Pamplona y me volví a mi ciudad natal para cuidar de mis padres"A los dos años y medio de residir en Pamplona mi padre sufrió una trombosis cerebral, se le quedó inmovilizada la parte derecha del cuerpo, y a mi madre, después de analizarla un especialista, le diagnosticaron Alzheimer en una fase bastante avanzada.En vista de lo que ocurría a mis progenitores dejé los estudios de Pamplona y me volví a mi ciudad natal para cuidar de mis padres. He vuelto a mi trabajo de profesor en el colegio Altocastillo, pero sólo por las mañanas. He pedido reducción de jornada, ya que por las tardes y noches cuido de mis padres. Mientras yo estoy en el colegio, una señora que tengo contratada cuida de ellos y cuando vuelvo del colegio recojo el testigo hasta el día siguiente a la hora de irme a trabajar.Mi padre, gracias a nuestro padre, San Josemaría, se ha recuperado de una forma milagrosa. Ha recuperado la movilidad y es autónomo. Los médicos todavía no se lo creen, porque me dijeron que se quedaría postrado en una cama hasta su fallecimiento. Ahora no necesita ayuda para nada, pero tampoco me ayuda en nada. Mi madre va perdiendo facultades poco a poco. Necesita vigilancia las 24 horas del día y hay que hacérselo todo: levantarla, asearla, darle de comer, etc. Ya no conoce a nadie, y a veces no sabe dónde está y se pone muy nerviosa. Entonces aprovecho para intentar calmarla y la saco a pasear en una silla de ruedas. Estuve una temporada que por las noches no dormíamos nada, a veces, cuando se ponía nerviosa la sacaba a la calle, aunque lloviera, tronara, hiciera frío, calor, etc.
Los que padecen esta enfermedad, los especialistas no saben el porqué, durante las horas de la tarde se ponen más inquietos, entonces tengo que cargarme de paciencia, e intentar calmarla y distraerla, porque no hay medicinas que la tranquilicen. El médico me dice que lo mejor es intentar distraerla, que la trate como a un niño de 3 años. Y eso es lo que hago.Siguiendo la recomendación de San Josemaría lo más importante que puedo hacer ahora es cuidar de mis padres, como ellos lo hicieron de mí cuando era más joven. Cuidando de mis padres estoy haciendo el Opus Dei, porque veo en ellos a Jesucristo y cuando estoy cansado o agobiado miro la cruz del Señor y recuerdo la cita de Mateo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame ” (Mt. 16, 24).A medida que pasa el tiempo y me voy haciendo más mayor, por lo que veo en el colegio y por lo que me cuentan mis amigos y conocidos de edad más avanzada, veo que no soy un mártir, porque hay gente que está peor que yo. A estas personas intento animarlas y que vean en ello la cruz del Señor.En el pueblo donde resido somos trece mil habitantes, y casi todos nos conocemos, hemos creado una asociación de Alzheimer. El ayuntamiento nos está dando toda clase de facilidades para sacar adelante la asociación, y nos hemos puesto en contacto con los sacerdotes del pueblo para que atiendan espiritualmente a nuestros enfermos. Cuando voy por la calle mis paisanos me paran y me preguntan por mis padres, a la vez que me animan y felicitan por la labor que estoy haciendo con ellos, yo entonces me acuerdo del dulcísimo precepto del Decálogo del que hablaba San Josemaría y de mi intervención en el programa de radio.
¿Para qué quiero yo saber Lengua Española?

domingo, 28 de septiembre de 2008
Te has despedido sin aspavientos

Querida María...
Te has despedido con la discreción que adornó siempre tu actividad política. Sin ruidos ni aspavientos. Eres el símbolo de la decencia política, de la coherencia de ideas, del valor personal. Pocas personas han concitado en la vida política española tantas adhesiones personales como tú. Desde luego, tienes la mía.
Tu formación universitaria en filología bíblica respalda la seriedad y la responsabilidad de tu vida política. Tuviste la grandeza de retirarte de la actividad pública por tu falta de confianza en Mariano Rajoy, cuando el líder del Partido Popular cruzó las fronteras de la ambigüedad para situarse en la lucha contra Eta y en la denuncia de los abusos del Partido Nacionalista Vasco, en posiciones por ti no compartidas.
Detrás, querida María, dejas una vida política de éxitos fulgurantes. No eres una mujer fruto de las cuotas. Tu crédito personal se basa en el rigor, la capacidad, la coherencia y la comunicación con el ciudadano medio. Paso a la mujer que se abre paso. Te vamos a echar de menos y no sólo los populares, no sólo los socialistas, no sólo los vascos a los que representas, sino también los que no somos otra cosa que escritores independientes, intelectuales que rinden culto a la verdad, porque es la verdad lo que nos hace libres.
Hasta pronto, María. Dios escribe derecho con renglones torcidos. Y tu ejemplo personal encenderá los escenarios futuros.
Te has despedido con la discreción que adornó siempre tu actividad política. Sin ruidos ni aspavientos. Eres el símbolo de la decencia política, de la coherencia de ideas, del valor personal. Pocas personas han concitado en la vida política española tantas adhesiones personales como tú. Desde luego, tienes la mía.
Tu formación universitaria en filología bíblica respalda la seriedad y la responsabilidad de tu vida política. Tuviste la grandeza de retirarte de la actividad pública por tu falta de confianza en Mariano Rajoy, cuando el líder del Partido Popular cruzó las fronteras de la ambigüedad para situarse en la lucha contra Eta y en la denuncia de los abusos del Partido Nacionalista Vasco, en posiciones por ti no compartidas.
Detrás, querida María, dejas una vida política de éxitos fulgurantes. No eres una mujer fruto de las cuotas. Tu crédito personal se basa en el rigor, la capacidad, la coherencia y la comunicación con el ciudadano medio. Paso a la mujer que se abre paso. Te vamos a echar de menos y no sólo los populares, no sólo los socialistas, no sólo los vascos a los que representas, sino también los que no somos otra cosa que escritores independientes, intelectuales que rinden culto a la verdad, porque es la verdad lo que nos hace libres.
Hasta pronto, María. Dios escribe derecho con renglones torcidos. Y tu ejemplo personal encenderá los escenarios futuros.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Los jugadores del Real Madrid

jueves, 25 de septiembre de 2008
La ortografía de los SMS
jueves, 18 de septiembre de 2008
21 de septiembre, día mundial del alzheimer

Hace tiempo escribí, respecto a esta enfermedad, que los toros no se ven lo mismo desde la barrera que en la plaza. El alhzeimer lo sufren los enfermos, pero quien en realidad lo sufre son los cuidadores, que como dice Ana: “pierden prácticamente su vida…” Los que son cuidadores de enfermos y los que lo hemos sido, queremos romper una lanza a favor de las personas que nos han echado una mano para cuidar a nuestros enfermos. Gracias, porque nos habéis dado un respiro cuando nuestra salud mental ha estado al borde del precipicio. A veces han sido diez minutos, los que os habéis quedado con nuestros enfermos, que a nosotros nos han servido para desintoxicarnos, y eso no tiene precio. Han sido: vecinos, amigos, voluntarios, cáritas, etc. Y es de bien nacidos ser agradecidos.
Se olvidaron de vivir
El alzheimer, esa inquietante enfermedad neurorodegenerativa, a la que se le ha dado por llamar “la epidemia del siglo XXI” y aun con tantos avances de la ciencia, todavía se desconocen las causas que la provocan. Ataca al cerebro produciendo graves deterioros en las funciones cognitiva, conductual y motora, en definitiva, se olvidan de vivir y sus vidas se convierten en un presente sin pasado y sin futuro.Mientras se pueda, hay que recordarles quienes fueron con olores y sabores, con besos y palabras, con sonrisas, para que no se encierren en ellos mismos y no se olviden de vivir, aunque, algún día, eso sea una triste realidad. ¿Hay algo peor que no saber quién eres? Vivo muy de cerca, y diariamente, esta cruel enfermedad y veo cómo afecta a la familia, veo la tristeza, el sufrimiento y la impotencia de tantos años cuidando a una enferma que también se olvidó de vivir, una mujer que fue puro nervio y fuerza, todo bondad y alegría, pero el olvido se instaló, poco a poco, en su mente y los recuerdos se le escaparon sin previo aviso. Un día no sabía su nombre, al otro quién era su hija, al siguiente el día que era y así se descompuso el puzle de su vida. Pasó a depender de los demás para todo, y necesita ahora, y desde hace 11 años, cuidado las 24 horas del día, es una realidad dura que golpea la mente de quien la padece y el corazón de la familia, todo se trastoca y todo cambia en la vida de quienes la cuidan, se resiente la salud y la economía, cambia todo en la unidad familiar y se plantean dudas, miedos, negación, no saben cómo afrontar aquello porque significa, sobre todo, renuncia, el enfermo necesita cuidados, moverlos a menudo para evitar úlceras, que su piel esté muy hidratada, una dieta rica en fibra, aseo y, sobre todo, paciencia y mucho amor. Las personas que la cuidan pierden prácticamente su vida, por lo que me parece una tarea digna de mención y honor, porque su necesidad es cubrir la necesidad de su madre y se entregan en cuerpo y alma a su cuidado, tienen momentos de bajón y tristeza en los que las fuerzas flaquean, pero es tanto ese amor y saben cuánto les necesita ella, que sacan esas fuerzas de donde no las hay para seguir en esta lucha tan larga. Me gustaría que se les diera un merecido reconocimiento a las familias y cuidadores de estos enfermos, enfermos del silencio, que entregan años de su vida a cambio de nada, que dejan de hacer planes para mañana, que no saben de una expansión ni de un desentenderse, ellos, poco a poco, también se olvidan de vivir porque, sobre todas las cosas, prevalece el cuidado de su madre y su bienestar. Que el Día del Alzheimer no sea un simple día que pasa sin más, que las asociaciones hagan más, que la sanidad haga más, que la sociedad se conciencie con sus enfermos y se les dé todo cuanto ellos merecen.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
El gato al agua

"Se le coge cariño a un perro"

Nadie es profeta en su tierra

Un antiguo alumno de Altocastillo en la India
El viernes pasado mi antiguo alumno agarró el avión hacia la India. El día anterior le llamé para desearle suerte, y seguía estando igual o más contento. Me pidió que lo mantuviera al tanto de todo lo que ocurriera en su colegio, y que él desde la India rezaría por todos los que estamos en Altocastillo.
Yo, como siempre, me emocioné, y como pude me despedí de Luis Carlos.
Casos como éste, es lo que nos hace a los profesores no cansarnos de nuestra profesión, a pesar de lo difícil que está la enseñanza en nuestros días.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Emilio Butragueño, comentarista de televisión

martes, 9 de septiembre de 2008
"El día que aborté perdí la felicidad y la alegría"

¡No me insulte señor Zapatero!

Leo en los medios de comunicación, que usted dice de las personas que estamos en contra del aborto y de la ley de la memoria histórica, que somos unos hipócritas y unos cínicos. Usted es el presidente legítimo del gobierno español, por lo tanto es presidente de "todos los españoles". Y como presidente, no hace bien insultando a sus súbditos y votantes.
Si le sirve de algo, yo jamás hablo mal de usted, porque sería ponerme a su misma altura. Y usted, señor Zapatero, es mi presidente, y se merece todos mis respetos. A mí no me importa que usted me llame hipócrita y cínico, lo que sí me molestaría, y mucho, es que me llamaran mentiroso.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Pido ayuda a mis lectores
Busco a un socialista
Comparto la inquietud intelectual del juez Garzón por buscar la verdad entre las cuevas derruidas a golpe de dinamita con personas adentro. Comparto el esfuerzo moral de Simone Vindertal por difundir en todo el mundo las imágenes frías y en blanco y negro del Holocausto del pueblo judío a manos del nazismo. Comparto la ansiedad de los africanos que se embarcan en la zozobra por tratar de buscar un mundo justo, poniendo en peligro sus propias vidas.
Busco un socialista que quiera compartir mi inquietud por buscar la verdad en la defensa de la vida humana. Busco una persona de izquierdas que sea capaz de ponerse más a la izquierda que yo para defender la vida de los niños en el seno materno. Busco a un progresista que quiera poner imágenes como testimonio de ese Holocausto que se ejecuta en las clínicas abortistas, también en España.
De los campos de exterminio nazis tuvimos imágenes y testigos. Con la Ley del Aborto no habrá ni imágenes, ni testigos: pues se ejecutará una total anihilación. No habrá sucedido nada a nadie. Por estas razones busco a un socialista.
Los curas y monjas no tienen nietos
¿Muerte digna?
También quiero recordar que los médicos están para curar a los pacientes, no para ayudarles a morir.
¿Por qué dejamos dinero en los lugares religiosos?
Después de refrescarnos con el agua y contemplar la estatua hemos emprendido el descenso, cuando bajábamos alguien ha preguntado el porqué del dinero a la Virgen y en los lugares sagrados, nadie ha sabido responder. ¿Alguien sabe a qué es debido?
Los pobres son pobres, no tontos
viernes, 5 de septiembre de 2008
El aborto y los toros

En un programa de televisión que se hablaba de este tema, muchos teleespectadores enviaban SMS diciendo que hay salidas, que no son cruentas, para salvar la vida de los indefensos: ayudar a las madres, las adopciones, etc. Un mensaje decía que estaban intentado adoptar un niño desde hace años, y no se lo daban por la mucha demanda de adopciones.
Parece incoherente, pero en las noticias de ayer, se juzgaba a unos jóvenes porque interrumpieron una corrida de toros en Barcelona, y decían que no se debe de matara los toros. Yo me pregunto: ¿qué es más importante un niño, que no ha nacido, o un toro?
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Los neandertales eran "progresistas"
Resulta que estos primitivos homínidos, extinguidos hace unos 25.000 años, van a ser la reserva ideológica del ala más radical del PSOE de Zapatero. Quede claro que digo esto con todo el respeto debido y sin ánimo de ofender a nadie. Y me explico. Esta extinta especie de homínidos primitivos practicaba, ya en su tiempo, una forma también primitiva de aborto. Mataba a los niños recién nacidos que, por una u otra causa, no podía atender. Igualmente, llevaba a cabo una primitiva forma de eutanasia, ya que abandonaba a su suerte a los ancianos, cuando se daban idénticos motivos. También practicó el canibalismo. Junto a todo esto, no deja de ser curioso que llevara a cabo prácticas muy avanzadas, socialmente hablando, como era el enterrar a los niños, algo nada habitual por aquellos tiempos e incluso mucho más tarde.Alguno estará todavía con las manos en la cabeza no pudiendo creer lo que está leyendo. Sigo explicándome. A un grupo de dirigentes radicales del PSOE no se les ha ocurrido mejor idea para evitar el debate sobre lo que realmente interesa a los españoles, esto es, la crisis económica y las medidas necesarias para su más pronta superación, que abrir un debate sobre dos temas que, interesando poco o nada a la sociedad en su conjunto, sí pueden subir la temperatura del enfrentamiento político: la eutanasia y el aborto. Lo visten todo, además, con la dulce tela del progresismo. No es mi intención caer en la trampa que se nos tiende, pero tampoco se debe rehuir el dejar claras ciertas cosas. El llamar, una vez más, frente a los eufemismos del Gobierno, a las cosas por su nombre.Creo firmemente que el verdadero progreso protagonizado por el hombre a lo largo de la Historia, ha sido el realizado en el plano humanitario, no en el material, por mucho que éste sea más llamativo.Si hay algo que represente la barbaridad de la que es capaz el corazón de un hombre, eso es la muerte y más, si cabe, la muerte de un indefenso. En eso se puede resumir la crueldad humana: en el desprecio por la vida de los demás. Pocas cosas habrá que puedan repugnar más que el abuso que hace de su fuerza el más fuerte sobre el más débil. Poco hay que pueda encolerizar más a un alma civilizada que ver a un individuo arrebatar la vida a otro.Si algo ha acompañado a la humanidad a lo largo de la Historia, eso ha sido la muerte. Ella ha sido el medio para la consecución de los fines que se han marcado muchos hombres a través de los tiempos, materializándose en innumerables guerras que, todavía hoy, asolan el mundo.Frente a esa barbarie asesina, el hombre también ha recorrido un camino llamado civilización. Un camino que ha consistido, fundamentalmente, en reconocer el derecho de todos a la vida y la obligación que todos tenemos de proteger ese derecho. Es comúnmente aceptado que cuanto más avanzado es un pueblo, mayor es la protección que ese pueblo otorga al derecho a la vida. Esto es lo que yo considero progreso, al menos desde una visión humanista del mundo.Pues si la defensa de la vida es, sin duda, el fiel para medir el verdadero progreso de la Humanidad, ¿cómo es posible que ahora nos vendan como progresista el aborto o la eutanasia? ¿Cómo es posible que la matanza de un feto con síndrome de Down, o ciego, o hemofílico sea considerado progresista, cuando la propia convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad insta, en su artículo 10, a los estados «a adoptar todas las medidas necesarias para garantizar el goce efectivo de ese derecho (a la vida) a las personas con discapacidad en igualdad de condiciones con las demás»?Me sorprende mucho que el mismo Zapatero que hace poco tiempo se deshacía defendiendo «la vida como valor supremo» -cosa que critiqué desde estas mismas páginas, por entender yo que no es un valor, sino un don de Dios- nos proponga hoy fórmulas para acabar con ella.Me llama también la atención la coincidencia -no milimétrica ni absoluta, por supuesto- que se da entre los sectores de la izquierda más radical y algunos ecologistas y antitaurinos que defienden a ultranza, y todos a una, el derecho a la vida de los animales y rechazan la pena de muerte -aquí sí coincido con ellos-, pero que, a la misma vez, muestran sin empacho su apoyo al aborto, a la eutanasia -que nada tiene que ver con una muerte digna- o a esa criminal selección eufemísticamente llamada «cribado prenatal».Es curioso cómo algunos, para eludir responsabilidades, nos venden como progresistas prácticas que ya realizaban nuestros más primitivos ancestros y otros muchos pueblos de la antigüedad.Sinceramente, creo que no hay mayor progreso para el hombre que el asumir las responsabilidades propias de sus actos y de su posición en la sociedad que le acoge. De entre todas esas obligaciones, la de mayor altura es la defensa de los más débiles, lo que incluye, en primer lugar, la defensa de su vida.Por mucho que me argumenten, me seguirá siempre pareciendo una barbaridad primitiva el triturar con unas tijeras a un niño en el seno materno, más aún si cabe, cuando está medio mundo deseando adoptar. Igualmente, considero una salvajada sin paliativos el acelerar la muerte de los enfermos, algo que nada tiene que ver con el oportuno tratamiento del dolor.He visto a mi madre morir muy poco a poco. No se le alargó ni acortó un minuto ese camino, aunque se tomaron todas las medidas que a nuestro alcance estaban para evitarle cualquier sufrimiento innecesario. De aquellos dos años, tan difíciles, no recuerdo ni un solo segundo indigno.Llevo casi cinco años sin poder tener una comunicación intelectual con mi padre, pero por mucho que lo eche de menos, todos los días me hace feliz, disfruto y me río con él. ¿Alguien tiene el valor de decirme que esa es una vida indigna?Tengo familiares y amigos que sufren deficiencias, problemas o que simplemente llegaron en mal momento. Son familiares y amigos que, bajo legislaciones como la que hoy nos proponen en España los progresistas, podrían haber sido muertos antes de nacer. Eso, por no hablar de los grandes genios de la humanidad que jamás habrían llegado a serlo de haberles aplicado tan avanzadas iniciativas. El dolor, las deficiencias y la muerte son compañeros inseparables del hombre y la mujer desde que aparecieron sobre la faz de la Tierra. El verdadero progreso de la especie humana y su triunfo sobre las demás, ha consistido en el uso que ha hecho de su libertad para, asumiendo su propia imperfección, defender la vida de los demás y la propia, ayudar al que sufre, acompañar al moribundo y proteger al débil. Desgraciadamente, también ha habido y habrá siempre quien, de una u otra forma, intente proporcionar un atajo para evitar esas incómodas obligaciones... Con todo el debido respeto, eso nunca podrá ser llamado progreso. Adolfo Suárez IllanaAbogado e hijo del ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez
Año Paulino

Si me dicen que ya lo han leído, les insisto para que lo vuelvan a leer, y cuando hayan acabado, que se compren o adquieran la mejor biografía que se ha escrito sobre este judío nacido en Tarso de Cilicia: San Pablo del alemán Josef Holzner.
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