jueves, 19 de septiembre de 2013

¡Increíble!, pero cierto

Ayer me invitaron unos amigos a comer en su casa. Quedamos a las 14:15 horas. Yo tengo que reconocer que llegué un poco tarde. Al llegar a la puerta del bloque donde viven, llamé al timbre, no había manera, insistí varias veces, tampoco me abrían. Entonces, como último recurso, decidí enviar un WhatsApp a uno de los miembros de la familia. ¡Increíble! Me abrieron la puerta. Llegué a la conclusión que estamos más pendientes de las nuevas tecnologías, que del timbre de la puerta.


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