sábado, 10 de abril de 2010

El sacramento de la confesión

Carta que apareció en el periódico Jaén el día 7 de abril y la contestación que yo le he enviado.
Andrés Sánchez Casado desde Jaén. Creo que no hay que pensar mucho para darse cuenta de la facilidad que tienen los clérigos para deslizarse por el camino del pecado. Como ellos tienen el pasaporte para conseguir el perdón divino, es muy fácil caer en la tentación.
¿Por qué no revisan los historiadores y teólogos ese invento que llaman “sacramento de la Confesión”? Más de uno se llevaría grandes sorpresas. Desde siempre me preguntaba yo por qué existe esa práctica que tanto ha favorecido la hipocresía de los católicos. Investigando descubrí que durante los ocho primeros siglos del cristianismo no se conocía ese rito que nada tiene que ver con el Evangelio. Ochocientos años. Se dice pronto.
Sr. Director:
Leo en su periódico una carta publicada el día 7 de abril que tiene por título "Confesión", y me gustaría hacer unas pequeñas aclaraciones respecto al tema.
Ya en el Antiguo Testamento se habla de pedir perdón a Dios por las ofensas y pecados que se cometen contra Él o contra el prójimo. El pueblo de Israel ayuna, se cubre de saco y de ceniza; a la vez que hace confesión pública de sus pecados.
Jesucristo perdonó los pecados a sus contemporáneos. "¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?". (Lucas 7, 49) Se preguntan los judíos de su tiempo. Más adelante, instituye el sacramento de la confesión o penitencia cuando dice a sus apóstoles: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos"(Juan 20, 22-23). Con estas palabras da el poder de perdonar o retener los pecados a sus discípulos y a su iglesia.
Después de la ascensión de Cristo a los cielos, ya los primeros cristianos acuden al sacramento de la confesión. Se conservan citas y textos en la Didaché o Doctrina de los doce apóstoles, así como en autores de los primeros siglos del cristianismo: San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Clemente, el Pastor de Hermas, Tertuliano, San Cipriano, etc. Todos hablan del sacramento de la confesión, y de las penitencias que imponían los sacerdotes y obispos a los penitentes. La misma práctica encontramos en siglos posteriores.
Lo único que ha cambiado con el paso de los siglos han sido los ritos del sacramento, pero no la materia y la forma. Para los no puestos en el tema, pongo un ejemplo que se entenderá perfectamente. El sacramento del bautismo, entre los primeros cristianos era por inmersión, osea, que el catecúmeno era introducido en una piscina para bautizarlo. Ahora, en el siglo XXI, simplemente se le deja correr agua en la cabeza. Pues con el sacramento de la penitencia ha pasado algo parecido, han cambiado el rito, pero no la esencia del sacramento.
Al principio de la cristiandad la confesión era menos frecuente, algunos penitentes se confesaban una vez o en peligro de muerte. El penitente acudía al sacerdote, y a veces, confesaba sus pecados públicamente. La penitencia que en algunos casos, por ser pecado grave, también era pública.
Cuando alguien se acercaba a confesarse, está documentado, que en el siglo IV en algunas iglesias ya era individual, los penitentes tenían que cumplir la penitencia después de la confesión, antes de recibir la absolución. Pasaban por distintos grados, e incluso no participaban de la misa, porque tenían que pulgar sus pecados, con la penitencia, que a veces duraba años.
En el IV Concilio de Letrán el rito del sacramento de la confesión se regularizó, así como comulgar, como mínimo, una vez al año. Y el 4 de febrero de 1974 se publicó la primera edición del Rito de la Penitencia.
Todo esto, y mucho más, se puede encontrar en cualquier tratado de teología.
Pero, lo que yo quiero dejar claro, es que la confesión, pedir perdón a Dios de los pecados; y las palabras de Jesucristo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos"(Juan 20, 22-23), tienen todavía vigencia. Y es el poder que Cristo dio a su iglesia, y a los sacerdotes para perdonar los pecados en su nombre.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¿ y quién perdona a los sacerdotes que tienen hijos, a los violadores...si el mismo hermano del papa, pegó a sus alunmos,que poca verguenza teneis.

primeroscristianos dijo...

Estimado Gabriel: enhorabuena por su blog y , en concreto, por su contestación sobre los orígenes de la confesión. Desde www.primeroscristianos.com nos guistaría poder contactar con usted. Si fuera tan amable de darnos un mail para escribirle. Nosotros estamos en primeroscristianos@gmail.com

Anónimo dijo...

rúbricas, interpretaciones, dogmas... de todo con tal de justificar el poder... parece que nunca escucharon profundamente el mensaje gloriosamente kenótico de Jesús... Que demagogia y falta de respeto por el evangelio, cuanta leña haen de los textos para no largar las riendas, la Iglesia es una comunidad no un carro, cuándo lo van a enternder????????????????????

ana dijo...

ESO DIGO, YO, Y QUIÉN PERDONA A LOS CURAS?

Gabriel dijo...

Los sacerdotes, como todo el mundo, acuden al sacramento de la confesión. Y como ha dicho el papa responderán ante la justicia.
Responderán ante la justicia humana y la divina.
Creo que es muy importante que antes de hacer un comentario nos serenemos, porque podemos faltar a la caridad. Es muy fácil tirar la piedra y esconder la mano.

Anónimo dijo...

como siempre sigue poniéndo lo que le interesa

gabriel dijo...

Anínimo:
No sé a qué se refiere con "como siempre sigue poniéndo lo que le interesa". Si se refiere a la publicación de los comentarios, creo que se equivoca, porque los publico todos.Si se refiere a los temas, le recuerdo que el blog es mío, y publico lo que creo conveniente.
Un saludo
Gabriel Robledillo Amezcua