miércoles, 26 de diciembre de 2007

A favor del niño y la mujer

Reproduzco el artículo de Benigno Blanco en el periódico El Mundo el día 23 de diciembre.
Frente al aborto sólo cabe, en mi opinión, una solución justa: proteger siempre al niño no nacido y proteger siempre a la mujer embarazada. Cualquier otra propuesta que se olvide de uno de los dos resultará incompatible con la dignidad humana.
Afrontar racionalmente el debate sobre el aborto exige mirar la realidad implicada en su totalidad: una mujer y un niño que crece en su interior (omito al padre de la criatura, que con frecuencia deja sola a la mujer ante este drama, porque las leyes españolas no le permiten decidir al respecto). Los dos forman parte del drama del aborto. Los dos serán víctimas si el aborto llega a consumarse: el niño dejará de existir; y la mujer tendrá que asumir para siempre la responsabilidad y las consecuencias de su decisión. El aborto es una forma de violencia tanto contra el niño que es abortado como contra la mujer que aborta.
Sé que el uso de la palabra niño provocará ya el rechazo o la sonrisa displicente de algún lector; pero eso, un niño, es el fruto de la concepción según la literalidad de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y según nuestros conocimientos sobre el origen e identidad genética del ser humano: donde existe una unidad biológica humana con patrimonio genético singular e individualizado dotado de la capacidad de autodespliegue, es decir, donde existe el fruto de la concepción, existe un ser humano; si no existiese ya en ese momento, no habría ningún otro episodio posterior en el que podamos comprobar que se produce un cambio tal que permita afirmar que antes de ese momento no era un individuo humano y después sí lo es.
La afirmación anterior puede ser de consecuencias exigentes -necesariamente lo será la constatación de que estamos hablando de un ser humano cuando de decidir sobre el derecho a la vida del no nacido se trata- pero cerrar los ojos a la realidad sólo garantiza una opinión errónea: olvidando o falseando los datos de un problema, la solución nunca puede ser acertada. Si el diagnóstico es erróneo, la terapia será necesariamente equivocada. Precisamente, el gran error de algunos planteamientos actuales sobre el aborto es el apriorismo de cerrar los ojos y negar parte de la realidad implicada: algunos hacen abstracción del niño que muere, como si su vida no fuese un dato del problema, sino un prejuicio, algo abstracto o subjetivo, algo en lo que no merece la pena detenerse. Hablar del aborto sin hablar del niño que muere es una inmensa hipocresía; la misma que olvidar a la mujer sola, agobiada por la responsabilidad y las consecuencias de la maternidad imprevista, sin apoyos ni alternativas a sus problemas tan reales y en ocasiones tan dramáticos.
En la España de nuestros días nos encontramos con una legislación injusta porque permite acabar con la vida del niño ante la indiferencia social en determinadas circunstancias de conflicto y plazos, y porque deja a la mujer sola ante esta decisión como si fuese su problema en exclusiva. La llamada ley del aborto vigente lo que dice y transmite es: mujer, si estás embarazada y es un problema para ti, decide tú misma si acabas con el embarazo o si te quedas con tus problemas tu sola; ni en un caso ni en otro encontrarás apoyo social ni solidaridad, arréglatelas como puedas. Algunos han hecho un negocio muy lucrativo de esta soledad de la mujer propiciada por la ley: esos abortorios convertidos en fábricas de dinero en islas ajenas al Estado de Derecho donde, a cambio de un puñado de euros, se aborta en serie, con frialdad industrial y olvido de las cautelas, garantías y plazos legales, como está reflejando la prensa las últimas semanas. Y las autoridades responsables de velar por el Estado de Derecho -la Fiscalía, las administraciones sanitarias...- miran para otro lado ayudando a dejar a la mujer sola.
La constatación de esta triste realidad lleva a algunos a negar el problema. Son los que dicen que es un escándalo abortar a un bebé de siete meses, pero si es de sólo... ¿cuántos?, entonces no pasa nada. Son los que no quieren pensar; se limitan a ocultar el problema real -cien mil niños que no nacen al año; cien mil mujeres cada año abocadas a algo tan terrible- y esperar a que pase la polémica en esta sociedad que consume a tal velocidad cualquier tipo de noticias. ¡Qué postura tan poco seria! Otros aprovechan para huir hacia atrás y piden la ley de plazos, es decir, no resolver ningún problema y que se legalice la eliminación de la vida de los no nacidos y se privaticen absolutamente los problemas de la embarazada; que ella sola cargue con la responsabilidad y la culpa de la decisión, mientras los demás -el Derecho, las políticas públicas, nosotros mismos- miran hacia otro lado.
Yo propongo que afrontemos el problema en toda su dimensión y en clave positiva, protegiendo siempre con el Derecho al no nacido como a uno más de nosotros -sin excepciones, sin plazos, sin circunstancias, sin hipocresías- y protegiendo siempre a la mujer con una activa política solidaria que no la deje sola ante un embarazo imprevisto. La vida del niño no nacido es también mi responsabilidad; la vida y problemas de la mujer embarazada son también mis responsabilidades. Esta forma de afrontar el problema es la única progresista: a favor del niño y a favor de la mujer; ni contra uno, ni contra la otra.
Benigno Blanco es presidente del Foro Español de la Familia.

1 comentario:

Santiago Chiva de Agustín dijo...

Hola, Gabriel. Cuando se habla del aborto, se suele decir que un caso comprensible es abortar a los fetos que sepamos que vienen enfermos. Hay un dato curioso: cada vez hay menos discapacitados. Son como una especie pero…no protegidas. Si hay todavía algunos es porque todavía quedan padres y madres coraje que no se asustan ante un hijo enfermo y para los que esa dura circunstancia es la ocasión para dar lo mejor que llevan dentro. Éste es un motivo de esperanza para el mundo. Sigo con mi particular homenaje a esas personas a las que los políticos llenan de lisonjas, con los que se hacen fotos que les dan un aura de personas más humanas y... a los que permiten matar en el seno de sus madres, en beneficio del bienestar general y de unas arcas públicas saneadas. Pero tampoco vamos a echar culpa de todo sólo a los políticos, elegidos por los ciudadanos y frecuentemente pendientes de halagar la tendencia dominante... Eliminar a los no superan los estándares de salud que por desgracia exigen muchos padres para que su hijo no sea abortado es una práctica cada vez más frecuente.


Santiago
http://opinionciudadano.blogspot.com