domingo, 18 de noviembre de 2007

¿Cuesta pedir perdón?

Un amigo me ha llamado hoy, domingo, por teléfono. Quería hablar conmigo personalmente. Le he dicho que mejor mañana por la tarde, mientras nos tomamos un café. Se ha negado, quería hablar conmigo hoy mismo. Yo un poco asustado, porque no quería decirme nada a través de la línea telefónica, le he citado por la tarde en casa. Después de comer ha aparecido. Me ha contado que en su trabajo, su director, le riñó, en un tono muy fuerte, por un incidente que ocurrió el viernes en su empresa. Mi amigo se vio envuelto en un enredo. El causante ha sido su jefe superior, porque no escuchó las dos partes en litigio: mi amigo y otro trabajador de la empresa, éste último no tenía razón, había mentido. Durante la conversación con su director se deshizo el entuerto, y quedó claro que había sido un enredo.
Jaime me cuenta, apenado, que nadie le ha pedido perdón, que nadie le ha dicho: “me he equivocado, perdona”.
Yo le he contestado que pedir perdón, hoy, cuesta mucho, porque somos soberbios, nos cuesta humillarnos y, sobre todo, rectificar. También le he recomendado que agarre a su jefe superior y que le diga que le ha hecho daño, y que tiene que reparar el desperfecto que le ha hecho, porque posiblemente, que es más grave, su encargado, por los ajetreos de la vida, no se haya dado cuenta del perjuicio que ha cometido.

1 comentario:

Víctor Benítez dijo...

Bueno, ya lo dicen: Perdóname, ayúdame y te quiero son quizá las tres palabras mas difíciles de pronunciar.
Un abrazo Gabriel.